Thomas no pudo esperar en la entrada del bar a que su Ángel saliera porque el idiota de su jefe había puesto a un grandulón que no le quitaba la mirada de encima. Frustrado, caminó hacia la esquina, cuando se cruzó con el coche de Bruno que justo se había detenido en el semáforo.
-Hola guapo ¿Cuánto por una noche contigo?- bromeó el joven cuando bajó la ventanilla de su coche y se asomó hacia la calle.
-Idiota, déjame entrar- ordenó.
Bruno quitó el seguro y su jefe entró en el asiento del co