DALILA
—¡No puedes hacer esto! —grito cuando me sacan por la fuerza del despacho.
En serio que Renzo me sigue subestimando, ha mandado encerrarme, lo vi en su mirada, me empujan en la habitación de al lado, en donde me empujan y antes de que me lance sobre ellos para romperles el cuello, cierran la enorme puerta, la habitación solo cuenta con la ventilación, no tiene ventanas, y la única puerta es de metal sólido y grueso, es fuerte.
—Debe ser una broma —pateo la puerta.
—No hagas esfuerzos