DALILA
No me puede estar pasando esto, es que sí es mala suerte, en cuanto veo que un par de ojos grises como los míos me recorren el cuerpo mientras Renzo se incorpora con un deseo de muerte y cierro las piernas, subiendo mi vestido de la parte superior para cubrir mis pechos, Andrei me observa con una media sonrisa en los labios.
Renzo saca enseguida su arma y yo hago lo mismo, pero le apunto a él, cosa que le hace levantar una ceja con incredulidad.
—¿Qué mierda crees que haces? —me pregun