RENZO
HORAS ANTES
—Mientes —es lo único que sale de mi boca.
Tiene que ser una mentira de ella para manipular la situación, Dalila jamás me hubiera ocultado algo como esto, un hijo, por Dios, es imposible, cierro por un par de segundos los ojos, rememorando aquellas imágenes en las que creí se mostraba un sueño más, no una realidad, pero al parecer, es cierto, recuerdo el haber roto su himen, ella gimiendo de dolor al tiempo que clavaba sus uñas en mi piel.
—Te amo —me susurró aquella noche.