En la espaciosa sala de conferencias de la empresa Montenegro reinaba una tensión casi palpable, mientras los socios se reunían alrededor de la mesa de caoba pulida. Los dedos de Ava Montenegro trazaron la suave veta de la madera, un gesto que la tranquilizó mientras enfrentaban la abrumadora tarea que les esperaba. El aire estaba cargado por el peso de las decisiones y los ecos silenciosos de la ausencia de Sebastián y Michael.
—Muy bien, todos. —comenzó Angelo, su voz firme a pesar de las tur