—Gracias… —Samara alzó su mirada, mientras sus ojos se encontraron.
Esta era la primera vez que escuchaba esta pablara de parte de André, pero trató de no demostrar su forma conmovida, y se sentó delante de él.
—¿No comerás nada? —cuando él hizo la pregunta, ella negó.
—Venía de la casa de la señora Sophie… y… Marta… —Samara sacudió la cabeza—. Han sido muy amables conmigo todo este tiempo.
—¿Quién no podría hacerlo contigo? —Samara volvió a mirarlo.
—Ya no tienes que fingir conmigo… lo sé