Una semana pasó, Aylin, recuperó el conocimiento, sentía dolor de cabeza, intentó moverse y fue ahi que se fio cuenta de que estaba atada a la cama.
—¡Dios mio! ¿Dónde estoy? ¡Auxilio! Sáque me de aquí, ¡Ayuda!
Gritó tan fuerte como pudo. Alexis entró con una sonrisa sardonica, tomo una silla y se sentó a su lado.
Aylin lo miró aterrada, no entendía nada de lo que pasaba.
—¿Que te pasa estúpido? ¿Por qué me tienes aquí.? ¡Suéltame! Esto es un delito. —gritó nuevamente.
—Grita todo lo que quie