— ¡Son las nueve, Daniel!—grito desesperada. — ¿Por qué no me llamaste? ¡No puedes hacerme llegar tarde al trabajo a propósito!—le pregunto entrando al baño y él no responde. — ¡Daniel!—exclamo esperando una respuesta.
Él se mantiene en silencio.
Cierro la puerta con seguro al entrar porque lo conozco.
De seguro que viene a tentarme para otra ronda de sexo en el baño… ¡No pienso llegar más tarde de lo que ya voy al trabajo!
Estoy segura de que se molestó porque no acepté quedarme en la cama, pe