Por la noche, llegó cansado y tarde a la casa, le dolía la espalda de acarrear cestos repletos de fruta. Gozaba de un físico excelente y estaba en forma, sin duda, pero trabajar de jornalero era una tarea bien dura a la que se debía estar acostumbrado, seguro que mañana amanecería bien molido. Ahora eso sí, no le importaba en absoluto pues había conseguido su objetivo: estaba tan cansado que solo tenía en mente darse una buena ducha, pasar un ratito con su hijo y meterse en la cama. Seguro que