La sala de vistas se llenó enseguida, la prensa había pedido infinidad de acreditaciones, tantas que se vieron obligados a limitar el nombre de periodistas a uno por medio, así que el resto de los profesionales se quedaron a las puertas en espera de que saltara una noticia bomba o pillar alguna que otra fotografía de la familia Savater que no se prodigaba demasiado. Sólo algunos curiosos lograron tener cabida en ella después de hacer cola desde primera hora de la mañana. A muchos les conmovió