Cuando Mike entró nuevamente en la sala de espera con dos tazas de humeante café encontró a Daniel abatido en uno de los butacones, la cabeza entre las manos y las piernas extendidas cuan largo eran. Se sentó a su lado y le acercó la taza, este la agarró atraído por el olor. Sin ni siquiera mirarlo le preguntó por su hermana.
-He llamado a Martín para que viniera a recogerla, acabo de meterla en el coche – le respondió eficiente como siempre el fiel empleado, no sabía si mencionarlo, pero pensó