Dadas nuestras rutinas de trabajo, a menudo nos encontrábamos con el portero en bares, clubes y eventos, así que nos sentíamos a gusto en presencia de Francis.
— Gracias Francis — sonrió Elle — te juro que no sé cómo adivinas cuando necesitamos ayuda.
— Esta vez no ha sido culpa mía, chicas — sonrió — un chico vio la situación y me avisó.
— Entonces deberías pedirle que se acerque para que podamos darle las gracias — Elle le guiñó un ojo al hombre que luego se alejó, asintiendo en señal de comp