Mi padre no da la cara

Corro hacia ellas, empujo a los dos guardias que las traen como si fueran criminales. Su único delito ha sido hacerme caso ¿Cómo se atreven a ponerles la mano encima?

— Dios mío ¿Cómo estáis? — pregunto sin querer tocarlas demasiado.

Esas heridas de sus rostros no tienen buena pinta. Hematomas y sangre seca es el decorado de estos lienzos.

— Estamos bien, no se preocupe — musita Noah.

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