La casa estaba sumida en una quietud inquietante. Cada rincón parecía impregnado de recuerdos y promesas rotas. Valentina se movía por los pasillos con pasos ligeros, como si temiera romper el frágil equilibrio del silencio. Su mirada se perdía en las paredes que antes resonaban con risas y conversaciones. Ahora, todo parecía envuelto en un velo de melancolía.
Javier estaba en la habitación principal, rodeado de equipos médicos que zumbaban suavemente, una pequeña isla de tecnología en medio de