Valentina se quedó en silencio junto a la cama de Javier, observándolo con una mezcla de angustia y esperanza. Sus manos temblaban mientras acomodaba la sábana sobre su pecho.
—No puedo creer que esto esté pasando otra vez —susurró, más para sí misma que para Isabel.
—Al menos esta vez sabemos que hay posibilidades de que despierte —respondió Isabel con suavidad, apoyándose en el respaldo de una silla.
El médico había sido claro: la actividad cerebral de Javier era estable, pero su cuerpo neces