Franco observó a Daniela con fiereza, aunque también trataba de luchar contra los nervios que lo atacaron.
En el pasado, después de que Erika salió de su vida, tener encuentros sexuales con algunas mujeres no le era dificultoso, como tampoco recordaba haber tenido ni una pizca de nervios ante del acto.
Pero ahora se trataba de Daniela, su ratona. Es por esto que sentía una mezcla de emociones, por el simple hecho de imaginarse tener tal intimidad con ella.
Él tragó pesado ante la invitación de