Aquel calor leve se sentía exquisito, razón por la que su cuerpo lo buscó y se acurrucó en este. Se sentía tan rico estar piel con piel y percibir la manera pausada de ella respirar. Asimismo, aspirar el delicioso olor del cabello rizado, suave y abundante, que tuvo que recoger y ponerlo por encima de la almohada, le era fascinante.
Ella era la encarnación de la delicia y solo deseaba quedarse allí, pegado desde atrás al cuerpo frágil y delicado por siempre.
El deleite que sentía lo hizo querer