Capítulo 9. El acuerdo prenupcial
―Deja de botarme, Aisha, hicimos un trato y he cumplido mi parte. ―Gabriel observó que la doctora se salía de la sala de observación para darles un poco de privacidad. ―Me dijiste que podía preguntar lo que quisiera y cuando lo hago te molestas. Yo no sabía cómo era la maldita prueba, ni los riesgos que implica, de haberlo sabido no lo hubiese sugerido.
Las lágrimas llenaron los ojos de Aisha, aunque no sabía bien porque estaba llorando. ¡Malditas hormonas! La tenían toda sensible.
―Lo lamento,