Hice que se apresurara a entrar a la habitación. Había mucho frío en la calle, por lo que lo invité a pasar. El suspiró de alivio al sentir la calidez en aquella casona.
—¿Cómo te encuentras?
—Estoy bien, gracias. — Sonreí levemente. Alexander Winning también lo hizo. —Pase por favor. — Le indiqué la habitación del salón donde estaba hasta hace un rato.
—¿Qué le parece la propiedad?
—Aterradora.
—¿Y eso?
—Aun no puedo creer que este lugar sea mío.
—Si bueno, — Se detuvo a mitad del camino y yo