LAIKA
Me desperté cuando me salpicó agua en la cara. Inhalé y tosí cuando el agua entró en mis fosas nasales. Ya habían dejado de golpearme, pero estaba atada con cadenas. Los guerreros y los ancianos habían venido y llamado al decoro y no vi a la señora Zora en el suelo, donde estaba antes de desmayarme. Solo su sangre fluyendo llenaba el lugar; un recordatorio subliminal de que yo no daba más que problemas.
Ya no había nada que me convenciera de que no estaba maldita. Toda mi vida e