Islas Canarias, España.
Habían pasado dos horas desde que Max y Emma detuvieron su maratón sexual de fin de semana por el festejo de su cumpleaños. Mientras aún él dormía, ella había bajado a la cocina para preparar algo de comer, tenía bastante hambre que juró que podría devorar a una vaca completa. Se recogió el cabello largo y rubio en una coleta alta, se acomodó la camiseta de algodón de Max -la orilla le quedó debajo de su trasero dejando a la vista sus largas piernas- y se dedicó a prepar