Piper giró el rostro hacia el otro lado, sin abrir aún los ojos, al sentir una caricia en la mejilla.
—Déjame en paz —murmuró con voz somnolienta.
Una carcajada baja rompió el silencio.
—Cariño, empieza a hacer frío. Deberíamos entrar. Te prometo que después de la cena podrás seguir durmiendo.
Piper volvió a girarse y esta vez abrió los ojos, todavía adormilada.
Estaban en su luna de miel, disfrutando de una de las playas más hermosas de Grecia, en una pequeña isla donde el tiempo parecía avan