Hannah miró a los padres de Teo, luego a su cuñado y por último a Lionetta. Todos tenían una sonrisa radiante en el rostro.
Después del almuerzo habían pasado a la sala, donde la conversación seguía tan animada como antes. El entusiasmo por la noticia de los mellizos no había disminuido ni un poco desde que la compartió.
Su suegra y Lionetta ya estaban hablando de ir de compras; al parecer, iba a necesitar un clóset nuevo lleno de ropa de maternidad. Su suegro y Angelo, por otra parte, no deja