Colton entró en su habitación, apresurado, y tomó su celular de encima del velador. En las últimas semanas Ethan y él habían pasado algunas tardes tranquilas, un par de tragos, conversaciones largas. Había empezado a considerarlo un amigo. Y no quería creer que él lo había traicionado.
Al desbloquear la pantalla del celular, vio una llamada perdida y un mensaje.
Ethan: Llámame.
Colton apretó la mandíbula y le marcó de inmediato. Ethan contestó al segundo timbre.
—¿Qué demonios, Ethan? —disparó