Naomi estaba sentada en la cama, con las lágrimas deslizándose sin descanso por sus mejillas mientras los sollozos sacudían su cuerpo. Escuchó un golpe en la puerta, pero apenas reaccionó.
—¿Naomi?
Levantó la vista y encontró al padre de Ethan en la entrada.
—¿Qué sucede? —preguntó él con voz suave, acercándose apresuradamente.
—Yo… Ethan… dice…
Intentó explicarse, pero el llanto volvió a cerrarle la garganta. Las palabras salían rotas, incomprensibles, incluso para ella misma.
Todo lo que Etha