Sheel me mira con rencor, camina en mi dirección, aviento el teléfono sobre la cama y tomo el arma con las dos manos para apuntarle.
—No des un paso más —le ordeno.
—Pensé que eras diferente —resopla.
—¡Quédate ahí! —le grito sin dejar de apuntar y se detiene a unos pasos de distancia.
—Sabía que eras policía, te vi en algunas ocasiones con el uniforme —suspira—. Pero te pregunté porque quería ver si eras capaz de mentirme —se queda en silencio como si estuviera pensando—. No le dije a Iván