No era de extrañar que le hubiera enviado ese mensaje diciéndole que se arrepentiría. Adeline dio media vuelta para volver a la cama, decidida a ignorarlo. Sin embargo, en ese preciso instante, la voz de Damian retumbó desde el otro lado de la madera.
—Te oí, Adeline. Si no abres, me quedaré aquí toda la noche tocando el timbre. No pegarás ojo en lo que queda de madrugada.
Para enfatizar su amenaza, presionó el botón del timbre de nuevo, una y otra vez, de forma deliberada. El sonido estridente