La junta directiva se avecinaba rápidamente, y Lía acababa de salir de la oficina de Mathew. Él, por su parte, se quedó allí, en estado de shock, como si las palabras de Lía hubieran penetrado hasta el núcleo de su ser. Se dirigió a su cava de vino y extrajo una botella. Bebió una copa, luego otra, hasta que quedó completamente ebrio.
La mente de Mathew estaba en un torbellino, y no sabía cómo lidiar con la noticia inesperada que Lía le había dado. No quería dejar a Jenna, la mujer a la que ama