32. ¡No voy a dejar que te lastimen!
Finalmente el beso fue llegando a su final, pero no por eso Benjamin la liberó, no, en absoluto. Las manos grandes y fuertes del rubio seguían sosteniendo su cintura mientras que sus labios lentamente se separaban.
Podía sentir como tenía el corazón completamente acelerado y sus labios se sentían hinchados y llenos de cosquillas debido a la fuerza del beso. Ese era el mejor beso que le habían dado en su vida.
Sin embargo, parecía que a ella ni siquiera una situación como aquella la hacía calla