Laia.
Fui casi corriendo a mi habitación para buscar a Zoé y ponerme el traje especial porque había que prepararnos para la batalla. No podíamos esperar ni un minuto más o Eris terminaría viniendo hacia nosotros.
Entré sin tocar la puerta y ella estaba dormida, con la saliva saliendo de su boca. Tuve que moverla con cuidado para no asustarla.
—¿Mmh? ¿Laia? —habló, con la voz ronca.
—Zoé, levántate. Tenemos que irnos pronto —comenté, yendo al armario.
Dejé que se restregara los ojos e hiciera lo