Laia.
Un año había pasado y seguía teniendo sueños con la diosa, en donde me repetía lo mismo. Aunque no eran muy frecuentes.
Me había vuelto mucho más fuerte, dominando mi sentido de la audición, el olfato y mi fuerza. Lo único que no logré descifrar en el proceso, fue aquél poder que se desató cuando acabé con la vida de un cazador.
—Laia, hoy habrá reunión en la hoguera —comentó Charles, pasando por mi lado.
Yo iba cargando una cesta con manzanas sobre mi hombro sin ningún problema.
—Recibid