Gabriel
Adiós...
Inclinó su cuerpo hacia atrás y sintió el viento cortante como cuchillos soplando en su rostro y en todo cuerpo, ¡era muy doloroso!
Sergio: —Luna...
José: —¡Madre mía! Señor Martínez, la señorita...
Andrés: —Luna...
—¡Maldita sea, Renato, esa chica realmente se lanzó al mar, ¡la hemos matado! ¿Qué hacemos ahora?
—¡Esto no es culpa mía! Yo no hice nada.
Renato miró a las personas que ya habían desaparecido abajo y, se asustó tanto que sus piernas se debilitaron al instante, cayen