Un guardaespaldas se le acercó en ese instante y le informó:
—El equipo de demolición nos llamó y dijeron que llegarán en una hora y media.
Andrés contestó:
—No hay prisa.
De repente, Marina se levantó. furiosa Sus piernas se entumecieron después de estar de rodillas durante tanto tiempo. Tambaleándose un poco, señaló a Andrés y lo insultó:
—¡La señora murió por tu culpa! Eres un verdadero demonio, ¡pagarás por esto! ¡No tendrás un final tranquilo en tu vida!
Andrés soltó una risa fría mientras