Andrés sostenía con ternura su rostro y un destello aterrador pasó fugazmente por sus ojos, mientras le decía en un tono sereno pero dominante:
—Todas mis decisiones son correctas.
Andrés no la soltó y ella se vio obligada a terminar la comida en el regazo del hombre.
Después de la comida, Andrés la llevó directo a la habitación para cambiarle la ropa. La vistió con los trajes que a él le gustaban, haciéndola lucir como una verdadera muñeca muy elegante y satisfaciendo todos sus gustos. Con un h