Shirley, que siempre tenía algo que decir, continuó la comida hablando de diferentes temas. Temía que él se molestara por su conversación constante, pero para su sorpresa, Kilian respondió pacientemente a cada una de sus preguntas.
No era como Álvaro, que después de tres frases ya le decía que se callara.
—Kilian, ya terminé de comer, ¿y tú?
—Sí, yo también.
—Todavía es temprano. ¿Qué te parece si vamos al cine? Hay una película de ciencia ficción que dicen que está buenísima, ¿te interesa? —pro