capitulo 30. una gran vida
—Se que estas por aquí, no puedes esconderte de mí bola de pelos destructora.
Diego estaba bastante enojado con esa bola de pelos, mira que venir a destruir la silla de su despacho. Sin duda alguna ese felino la tenía agarrada con él. Camina con cuidado dentro de su despacho para tratar de no poner en alerta al gato.
—Nube, ¿dónde estás? Tengo para ti una rica comida.
Muerde sus labios al mismo tiempo que se asoma por debajo de la mesa, pero no estaba, frunce el ceño afinando la mirada al mismo