Acercándose suavemente, los cubrió con los suyos propios, un suave roce que desvaneció por completo las tristezas, y trajo consigo un insuperable enamoramiento. Ryle sonrió, perdiéndose en la mirada contraria.
— Te amo, dulce — susurró— . No me gusta verte triste.
— También te amo, Leo... Te amo m— mucho — aceptó, mordiendo levemente su labio.
Tras aquella acción, el alfa encendió el auto, y cogiendo su mano con la contraria, sintió su pecho hincharse de alegría.
— Prometo hacerte sentir bi