Y no esperándolo demasiado, el omega sintió los delgados brazos de la niña aferrarse con fuerza a su cuello, logrando que sus manos la atrapasen de regreso. Un suave y caluroso tacto, que desde luego, hizo soltar bajas exclamaciones de ternura.
— Son adorables — Niah sorbió por la nariz, codeando a su hermano mayor, mientras éste parecía ensimismado admirando la preciosa escena— . Has encontrado a tu par perfecto, Nara está de acuerdo con eso... Uh— todos lo estamos.
— ¿Y qué te gusta hacer,