Capítulo 31 — Para tener el control, hay que perderlo.
La luz entraba débilmente por las cortinas cuando Viv se despertó con la cabeza palpitante.
Se incorporó con dificultad, con la cabeza mareada mientras la resaca le daba violentas señales de que no la abandonaría aquel día.
Estaba en su propia habitación, reconocía los colores claros y todas las fotos esparcidas. No estaba segura de cómo había llegado a casa, sólo tenía recuerdos de la noche anterior mientras la seguían Vittorio y Matthew.
Al mirar bajo las sábanas, se dio cuenta de que llevab