Pedro sintió cómo su pecho se hundía, y fue lanzado hacia arriba antes de caer pesadamente al suelo.
La sangre que expulsaba dibujaba en el aire una arcada macabra y fascinante.
Era una visión que conmovía el alma.
—¡Tío!
La voz de Lizbeth era desgarradora, sus ojos rojos de dolor.
Su rostro estaba cubierto de rabia y tristeza.
Intentaba avanzar, pero Zoraida la retenía con fuerza, obligándola a ver cómo Pedro sufría sin poder hacer nada.
—A solo un paso... solo faltaba un paso... Estrella aún m