Julieta se apresuró a correr hacia adelante para persuadir:
—¡Maestro! Su herida interna aún no ha sanado, ¡no puede volver a hacerlo!
—¡Traidora! —Liliana, furiosa y avergonzada, le dio una bofetada a Julieta en la cara y la reprendió—. Si no fuera por ese manuscrito incompleto que me diste, que me hizo caer en la locura, ¿cómo iba a resultar herida?
—No, no fui yo... —Julieta, cubriéndose la cara, no paraba de negar con la cabeza.
—¡Aún te atreves a argumentar! —Liliana gritó con voz severa—.