Diez minutos después, el caos finalmente había terminado. Los discípulos de la Banda del Dragón Rojo, a un coste de decenas de heridos y muertos, habían exterminado completamente a la élite de la familia Arroyo.
—¡Jefe! Hemos cumplido con éxito, ¡todos han sido asesinados!
Josué, acompañado por sus fieles seguidores, se apresuró a presentarse delante de Pedro para hacer méritos.
—Buen trabajo, te agradezco.
Pedro asintió.
—No fue nada, servirte es un honor para nosotros —dijo Josué con una sonri