—¿Quién eres en realidad? —exclamó.
Carlos se levantó, temblando.
Su rostro ya no mostraba despreocupación, sino que estaba lleno de sorpresa y temor.
Jamás se hubiera imaginado que, tras un puñetazo con todas sus fuerzas, no solo no habría herido a su oponente ni un poco, sino que él mismo habría resultado gravemente herido.
—¿Es esto aún humano? —gritó.
Su maestro les había dicho que su oponente era solamente un experto común.
—¿Por qué? ¿Por qué es tan fuerte? —exclamó.
—¡Hermano! ¡Corre, cor