—¡Espera! —Justo cuando el hombre de mediana edad estaba por irse, Paula corrió hacia él. —Sr. Íker, quizás no me conozcas, pero seguro conoces a Fermín.
—¿Fermín? —El hombre de mediana edad arqueó una ceja—. ¿Cuál es su relación con él?
—¡Fermín es mi hombre! —Paula sonrió con orgullo—. Sr. Íker, creo que él ya te ha avisado de nuestra visita. Ahora, ¿podemos entrar a tu oficina?
—No pueden —dijo el hombre con indiferencia—. Como dije, para verme, necesitan hacer una cita con antelación.
—¿Qué?