Apenas Pedro y su acompañante bajaron del auto, vieron a Teodoro rondando nervioso en la entrada. Su rostro estaba bastante marcado por la preocupación y la ansiedad.
—Señor Pedro, ¿está usted bien? —Exclamó Teodoro al ver a Pedro, acercándose a él con alegría—. Acabo de hablar con Irene y no puedo creer que la haya rescatado tan rápido.
—Gracias, Teodoro, pero no es necesario molestar a la familia Flores con estos asuntos menores. —Pedro le sonrió.
—¿Menores? —El ojo de Teodoro tembló—. ¿Ofende