La mirada de Elías cambió abruptamente al notar a Pedro al lado de Teodoro. El hombre no sólo tenía una expresión serena en su rostro, sino que también era notablemente atractivo, lo cual incluso hizo que Elías sintiera una leve amenaza como hombre protector de las mujeres.
—Este es el señor Pedro, un distinguido invitado en mi casa. Acaba de llegar para ayudar. — Teodoro se apresuró a explicar.
—¿Ayudar? — Lizbeth respiró con desdén. — Desde que apareció no ha dicho una palabra. ¿A eso le llama