Frente a las tropas de la familia Ponce, la tensión era palpable. Espadas fuera de sus vainas y ballestas cargadas, la atmósfera se llenaba de un aura asesina.
—¡Entrar! ¡A rescatar personas! —Mauricio no dudó y ordenó de inmediato.
—¿Quién se atreve a pasar? —Noé se interpuso, sacando al instante la pistola que llevaba en la cintura—. ¡Si alguien se atreve a avanzar un solo paso, lo mato!
—Inténtalo —Mauricio no mostró miedo y avanzó sin vacilar.
—¡No me obligues a hacerlo! —Noé gruñía, sus ojo