Herminio miró fijamente a Pedro, tratando de descubrir alguna pista en su rostro. Sin embargo, no encontró ninguna evidencia de engaño, y respondió con cautela: —¿Por qué debería creerte?
—Herminio, si hubiera venido a buscar venganza, mataros a ti y a Eusebio sería fácil— Mientras Pedro hablaba, chasqueó los dedos, y una ráfaga de energía salió disparada. Un segundo después, el florero en la repisa de la ventana explotó en pedazos, esparciendo fragmentos por todas partes.
—¿Ah? —Herminio sint