Horacio fue lanzado por los aires violentamente, para después caer estrepitosamente al suelo.
Por un momento, la sangre brotaba de su boca y nariz, su rostro desfigurado completamente.
—¡Papá! —Lizbeth gritó alarmada, como despertando de un sueño, y corrió hacia donde Horacio había caído.
—¡Ricardo! ¡¿Estás loco?!
Pedro, tanto sorprendido como enfurecido, tenía una mirada asesina en sus ojos,
siempre había pensado que Ricardo era un respetado y honorable anciano del mundo marcial.
¡Nunca imaginó