Capítulo 1008
Horacio fue lanzado por los aires violentamente, para después caer estrepitosamente al suelo.

Por un momento, la sangre brotaba de su boca y nariz, su rostro desfigurado completamente.

—¡Papá! —Lizbeth gritó alarmada, como despertando de un sueño, y corrió hacia donde Horacio había caído.

—¡Ricardo! ¡¿Estás loco?!

Pedro, tanto sorprendido como enfurecido, tenía una mirada asesina en sus ojos,

siempre había pensado que Ricardo era un respetado y honorable anciano del mundo marcial.

¡Nunca imaginó
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