Capítulo 27
Estaba seria, como su madre difunta.

Delicia no esperaba antes que después de dejar la Ciudad de México, pudiera trabajar tan rápidamente.

—Pah.—el hombre encendió un cigarrillo y Delicia arrugó inconscientemente las cejas al oler familiar.

No le gustaba el olor a tabaco.

Miró al hombre:—Tío, el médico te dijo que no fumaras.

—Sí, sí, sí. —el hombre la mimaba, apagando el cigarrillo que tenía en la mano y tirándolo al cenicero.

Delicia se relajó y seguía ordenando los documentos.

Los tres
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